Te cuento esto porque es un buen ejemplo de cómo a veces se fuerza una idea.
A fines de 2022, la Unión Europea lanzó un espacio en el metaverso pensado para jóvenes. El desarrollo rondó los 387.000 euros. La propuesta incluía una especie de isla virtual con actividades y, como evento principal, una fiesta con DJ.
Cuando finalmente lo abrieron, la convocatoria fue mínima. Se habló de unas pocas decenas de personas interesadas, y el día del evento llegaron seis usuarios activos al mismo tiempo.
Seis.
Lo que pasaba dentro tampoco ayudaba. Música en loop, avatares bastante básicos y casi nada para hacer más allá de moverse por el espacio. Hubo capturas de chats donde la gente preguntaba si había alguien más conectado. A los pocos minutos, varios se fueron.
Es una escena fácil de imaginar:
Entrás, das un par de vueltas, no entendés bien qué hacer, y te vas.
No hay mucho misterio ahí.
Con el tiempo, ese tipo de propuestas empezó a perder lugar. En cambio, lo mismo que se usaba para armar estos espacios se empezó a ver en otros contextos más concretos: entrenamientos, simulaciones, capacitación técnica.
Tiene lógica. Si te ponés un visor o entrás a un entorno virtual, esperás algo que justifique estar ahí. Practicar algo, aprender algo, probar algo que en la vida real sería difícil o caro.
En el caso de esa fiesta, eso nunca apareció. Era más bien un lugar armado para que “pase algo”, pero ese algo no terminaba de ocurrir.
Y cuando eso pasa, la gente no se queda mucho tiempo.
¿Vale la pena sumar tecnología solo por el impacto que genera?
Para cualquiera que esté pensando en usarla en un evento o presentación, deja una idea bastante directa: la novedad no sostiene la experiencia. Si lo que pasa adentro no engancha, da igual cuán moderno sea el formato
Asi que piensatelo bien, piensa primero en el objetivo y en la estrategia. Si no, dejaselo a un experto ;)